VIGILANCIA ACTIVA DE MICROORGANISMOS MULTIRRESISTENTES EN HEMODIÁLISIS: DESESCALADA SEGURA DE PRECAUCIONES
Introducción/Objetivos
Los microorganismos multirresistentes (MMR), especialmente las enterobacterias productoras de carbapenemasas (EPC), suponen un importante problema en unidades de hemodiálisis por su elevado riesgo de transmisión y las limitadas opciones terapéuticas. La frecuencia de contacto asistencial en estos pacientes permite la vigilancia microbiológica periódica. El manejo habitual mediante precauciones de contacto con indicación de box individual puede generar un impacto organizativo relevante, dificultando la planificación de turnos y la atención urgente, así como un impacto emocional en pacientes sometidos a aislamiento periódico. Ante la presencia de pacientes con MMR y la necesidad frecuente de aislamiento, se identificó un problema estructural de gestión y potencial sobreaislamiento. El objetivo fue evaluar la implantación de un programa de vigilancia activa y seguimiento individualizado que permitiera optimizar las medidas de precaución sin comprometer la seguridad del paciente.
Material y Métodos
Estudio descriptivo retrospectivo (diciembre 2024–marzo 2026) en una unidad de hemodiálisis de hospital de segundo nivel. Se implantó un protocolo basado en vigilancia microbiológica activa mediante exudado perianal semanal en pacientes con MMR, creación de alertas clínicas específicas, seguimiento individualizado mediante ficha estructurada y reuniones mensuales entre Medicina Preventiva y Nefrología. Se diferenciaron precauciones de contacto con y sin indicación de box individual, con reevaluación periódica según evolución microbiológica. En pacientes con EPC, la retirada de precauciones se realizó tras cinco exudados negativos consecutivos, con seguimiento posterior bimestral. Se analizaron variables clínicas, microbiológicas y organizativas.
Resultados
Se incluyeron 8 pacientes (7 EPC y 1 Pseudomonas multirresistente). Dos pacientes (25%) pasaron a precauciones estándar tras negativización microbiológica, dos (25%) mantuvieron precauciones con box individual, uno (12,5%) fue trasladado a otro centro y tres (37,5%) fallecieron durante el seguimiento, sin relación con la intervención ni en contexto de transmisión cruzada, habiéndose reducido previamente las precauciones en dos de ellos. El programa permitió una reevaluación continua de las medidas, facilitando la reducción de precauciones y la retirada de la indicación de box individual. Se observó una mejora en la gestión de los recursos, con mayor flexibilidad en el uso de los boxes y menor interferencia con la actividad urgente. No se detectaron brotes ni casos de transmisión cruzada durante el periodo de implementación.
Conclusiones/Recomendaciones
La implantación de un programa estructurado de vigilancia activa en pacientes con MMR en hemodiálisis permite ajustar las medidas de control en función de la evolución microbiológica, facilitando la desescalada de precauciones y la retirada de la indicación de box individual sin comprometer la seguridad ni evidenciarse transmisión cruzada, siendo además potencialmente reproducible en otros centros similares.
