ID Comunicación: 503
Área temática:
Palabras clave:

PERCEPCIÓN SOBRE CONCILIACIÓN Y SALUD AUTOPERCIBIDA EN MUJERES DIRECTIVAS DEL SECTOR SALUD

Introducción/Objetivos

La feminización del sector sanitario es un fenómeno incuestionable: las mujeres constituyen aproximadamente el 72% de la plantilla global en el sector sanitario. Sin embargo, esta base mayoritaria no se refleja equitativamente en los niveles de toma de decisiones, donde la representación femenina desciende en torno al 47%. Representa un desafío estratégico para la salud pública. La distribución desigual de las cargas de cuidado influye en la salud autopercibida; la literatura científica advierte que la carga mental y el doble rol (profesional y reproductivo) generan niveles críticos de estrés y una alarmante falta de espacios para el autocuidado, factores que impactan la calidad del liderazgo y el bienestar biopsicosocial de las gestoras. El objetivo principal de este estudio fue explorar de manera profunda las vivencias personales de las mujeres directivas del sector sanitario.

Material y Métodos

Material y métodos Estudio cualitativo transversal con 15 mujeres directivas sanitarias (edad media 57,3 años).
Se realizaron 9 entrevistas semiestructuradas y 1 grupo focal (n=6).
Análisis temático manual con triangulación metodológica.


Resultados

La conciliación se percibe como un “equilibrio frágil” sostenido con alto coste personal. Se identifican tres dimensiones: Salud y conciliación: fatiga crónica, trastornos del sueño y renuncia al autocuidado, en un contexto de alta carga de cuidados (feminizada). Barreras organizacionales: cultura de disponibilidad permanente e imprevisibilidad laboral que dificultan la planificación vital. Recursos y resiliencia: vocación y compromiso como factores protectores, apoyados en redes informales, aunque con riesgo de burnout por falta de soporte institucional.

Conclusiones/Recomendaciones

Los hallazgos revelan que la conciliación no es una meta alcanzada, sino un "equilibrio frágil y dinámico" sostenido mediante un alto coste personal. El impacto emocional detectado no es una variable individual, sino el producto de una cultura organizacional. La carga mental actúa como un factor de riesgo persistente, donde la resiliencia personal, aunque elevada, resulta insuficiente ante barreras estructurales que invisibilizan la vulnerabilidad de la alta dirección.

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